25 de agosto de 2010
Próximamente: Buried (Enterrado)
Una de las apuestas españolas más atractivas de la temporada cinematográfica (coproducida por Estados Unidos) llega de la mano de Rodrigo Cortés. El director de Concursante (2007), destacable aproximación a las bases de la economía pero que no tuvo una gran aceptación en taquilla, regresa con una cinta claustrofóbica en la que el espectador se sentirá encerrado durante sus 90 minutos de metraje. Ryan Reynolds interpreta a Paul Conroy, quien tras ser secuestrado despertará en un ataúd con dos herramientas: un teléfono móvil y un mechero. El trailer que hemos podido ver hasta ahora es, a pesar de su sencillez, escalofriante.
El próximo 1 de octubre de 2010 se estrena Buried (Enterrado) en las salas de cine de España. Pero, en una acertada manera de promoción, dentro de unos días habrá un pase especial para blogs, al cual he sido invitado. En cuanto esto ocurra, prepararé mis impresiones sobre el evento y, claro está, sobre la obra. Para terminar, otros dos carteles que me han resultado interesantes. Son muy similares al poster de Vértigo de Alfred Hitchcock. No se pueden hacer comparaciones con este genio, pero ¿estaremos ante otra obra maestra del suspense?
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Rodrigo Cortés
29 de julio de 2010
Cambio de rol
Cada año por estas fechas, la vuelta al trabajo trae consigo el fin de muchas otras cosas. Una de ellas es mi larga barba. Puede parecer algo insignificante, pero en realidad hay mucho más detrás de ella. La noche anterior a mi regreso observo en el espejo a ese hombre huraño de mirada perdida, más moreno que de costumbre. Sabe que su aspecto desaliñado va a desaparecer, y con él su anhelo de libertad, de dejarlo todo y empezar a dedicar su tiempo a tareas más productivas. O al menos más reconfortantes. No se atreve a pedirme que me detenga, que limpie la espuma de mis manos y que tire al suelo la cuchilla. Sabe que todavía no puedo hacerle ese regalo. Resignado, termina por devolverme la melancólica mirada, con el único consuelo de que no es un adiós, sino un hasta pronto. Aunque no le gusta mirar, permanece atento al desarrollo de este ritual, que irremediablemente desembocará en su muerte. De vez en cuando echa un vistazo al agua que arrastra su esencia hacia el desagüe, seguramente para asegurarse de que no quedarán restos que le recuerden. Pero, llegando al final, siempre aparece alguna lágrima de sangre que llora su pérdida. Dejando esta marca de dolor en la toalla, vuelvo a mirar al espejo, ya con la cara seca. No está. En su lugar de nuevo aparece ese otro hombre que, si bien su rostro me resulta más familiar, en realidad es para mí un auténtico desconocido. De nuevo tengo once meses por delante para intentar acercarme a él, para descubrir sus verdaderas motivaciones y entender el porqué de sus actos. Tal vez así, la próxima vez pueda disfrutar durante más tiempo de la compañía de ese ser del que me he despedido esta noche, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa cada vez que lo mire.
Cambio de rol
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8 de julio de 2010
Knight and day (2010)
Despropósitos encadenados
★☆☆☆☆
Cuando se toman todos los elementos necesarios de un género cinematográfico, se combinan y el resultado es desastroso, se suele acudir a la excusa de la parodia. Pero solamente se puede aceptar esta posibilidad cuando no se observa una intención de querer hacerlo bien. Y James Mangold lo intenta sin éxito en varias ocasiones en Knight and day.
Partiendo de un planteamiento flojo y demasiado precipitado, los personajes de Tom Cruise y Cameron Diaz se adentran en un conflicto desproporcionado. Tras conseguir el aterrizaje forzoso de un avión, deberán esquivar a los que les persiguen de manera intermitente. Persecuciones y descansos que, estratégicamente colocados, completan el resto del metraje. Pero los actores apenas consiguen congeniar, creando varias secuencias de aburrimiento pseudo romántico que resta cualquier expectativa de entretenimiento.
La falta de realismo es exagerada. Casi ninguna situación peligrosa puede resultar creíble en ningún momento. Y como mayor ejemplo, la de la fotografía de arriba. Como a todos nos suele pasar constantemente, cuando nos atrevemos a utilizar una moto en plenos Sanfermines sevillanos, terminamos sin darnos cuenta en mitad de los encierros. Total, esas calles nunca han tenido medidas de seguridad que eviten estas cosas... Por suerte, con esa moto se puede escapar fácilmente, ya que en el recorrido que hacen los toros nunca hay personas que dificulten esta hazaña. Simplemente ridículo.
Muy poco recomendable para los amantes del género de acción, y absolutamente nada recomendable para el resto de la humanidad.
Knight and day (2010)
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2 de julio de 2010
My blueberry nights (2007)
Pero, ¿qué tiene de malo la tarta de arándanos?
★★★★☆
En la taquilla del cine podemos encontrar cada semana diferentes propuestas para degustar. Al final del día, algunas de sus salas habrán vendido todas las entradas, como puede ocurrir en una cafetería con la tarta de queso y con el pastel de manzana: siempre se terminan. Otras, como la tarta de melocotón y la mousse de chocolate, tienen casi el mismo éxito y atraen a una gran cantidad de público, quedando tan satisfecho su apetito voraz como el de los primeros. En cambio, existe otro tipo de cine que, aunque ocupa un lugar privilegiado en el escaparate, suele resultar desapercibido para la mayoría de espectadores. Cuando llega la noche, siempre queda una tarta de arándanos sin tocar. Esa tarta se llama Wong Kar-Wai, y el pedazo que nos ha reservado esta noche lleva por título My blueberry nights.
En la taquilla del cine podemos encontrar cada semana diferentes propuestas para degustar. Al final del día, algunas de sus salas habrán vendido todas las entradas, como puede ocurrir en una cafetería con la tarta de queso y con el pastel de manzana: siempre se terminan. Otras, como la tarta de melocotón y la mousse de chocolate, tienen casi el mismo éxito y atraen a una gran cantidad de público, quedando tan satisfecho su apetito voraz como el de los primeros. En cambio, existe otro tipo de cine que, aunque ocupa un lugar privilegiado en el escaparate, suele resultar desapercibido para la mayoría de espectadores. Cuando llega la noche, siempre queda una tarta de arándanos sin tocar. Esa tarta se llama Wong Kar-Wai, y el pedazo que nos ha reservado esta noche lleva por título My blueberry nights.
El director hongkonés vuelve a utilizar los ingredientes de la receta familiar que tanto éxito internacional le ha otorgado en anteriores ocasiones: el uso de la cámara lenta, la importancia del fuera de campo en algunos fragmentos, los largos silencios armonizados con música melancólica... Incluso repite con una nueva versión de Yumeji's theme, canción utilizada en In the mood for love (Deseando amar), pero sin conseguir que deje el mismo sabor de boca. Y es que, a pesar de estas similitudes, nuestro paladar se encuentra ante un producto diferente.
Norah Jones debuta en la gran pantalla interpretando a una joven que desea cambiar, pero que no encuentra el modo de hacerlo. Las charlas nocturnas con el dueño de una cafetería (Jude Law) hacen que comprenda que su historia es un llavero más de los muchos que dejan los clientes. Por ello escapa de ella misma para volver a encontrarse. Un viaje de 360 grados que nunca devuelve a nadie al mismo sitio del que partió. El trayecto recorrido se convierte en la diferencia.
Y si ese trayecto transcurre en la antigua Ruta 66, lo menos que puede resultar es enriquecedor. A través de las postales sin remite que ella le envía, conocemos a otros personajes curiosos como un policía alcohólico, su mujer (Rachel Weisz) o una jugadora de poker (Natalie Portman). Ninguno de ellos puede escapar de su adicción. En realidad, nadie puede, ya sea una copa de vodka, una apuesta o un abrazo que busca el consuelo de la noche.
"Esto sabe fatal. Pero nadie bebe por el sabor, ¿no?"
Con solo 90 minutos al horno a media temperatura, Won Kar-Wai nos ofrece un pastel que no empalaga. Y es que a veces es mejor no dejarlo demasiado tiempo al calor. Los que detestamos el sabor y la textura del bizcocho quemado lo agradecemos. En el fondo nos consuela saber que siempre pueda haber alguien que, al final del día, esté dispuesto a reservar para nuestros ojos ese pedazo que nadie supo apreciar.
My blueberry nights (2007)
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Wong Kar-Wai
29 de junio de 2010
Air doll (2009)
Pinchazo de plástico
★★☆☆☆
Air doll parte del mismo punto que Lars y una chica de verdad, una película que pasó desapercibida por las salas españolas en la primavera de 2008. Pero los caminos que toma cada una son totalmente opuestos. En Lars... el peso recae sobre un hombre que se siente presionado por su entorno para encontrar pareja, lo que le lleva a comprar una muñeca hinchable para así encontrar su aceptación social. Aquí se intenta abordar un problema similar, pero alejándose por completo del hombre que termina recurriendo al amor artificial y centrándose en la propia muñeca.
Como si de un cuento se tratase, el plástico cobra movimiento y ella comienza a tener sentimientos, mostrados a cualquiera con la única excepción del hombre con el que comparte cama. Poco a poco descubre las pequeñas cosas del mundo exterior, pero lo maravilloso es que a nadie parece extrañarle que una mujer pregunte cosas como "¿Qué es morir? ", intentando traducir las explicaciones que damos a los pequeños para que las pueda entender un adulto.
Al igual que la protagonista, la película se va desinflando según pasa el tiempo, que en algunos momentos parece prolongarse indefinidamente. Lo que pretendía ser una reflexión sobre la innecesaria soledad humana se convierte, sin darse cuenta, en otra sobre nuestro egoísmo. La fidelidad se muestra aquí como un requisito imprescindible a la hora de recibir cariño; parece como si no fuera suficiente que alguien dedique un gesto tierno, sino que además se debe exigir siempre algún tipo de exclusividad.
Por lo demás hay que reconocer la constante belleza de la obra y de su protagonista, que no pierde su apariencia artificial en ningún momento. Pero es posible que lo único que consiga con esto es demostrar lo que no se quería demostrar: que, se diga lo que se diga, los aspectos que más nos avergüenza reconocer como los más deseables, como son la belleza, el dinero o el sexo, siguen siendo los que más nos motivan a actuar de una determinada manera. Por ejemplo, a entrar en una sala de cine a ver una película y no otra.
Air doll (2009)
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Hirokazu Koreeda
21 de junio de 2010
Vuvuzela
Este mundial de fútbol nos está dejando una serie de imágenes curiosas sobre un instrumento odiado por todos: la vuvuzela. Hago una recopilación de las más graciosas que he visto por Internet.
Si quereis ver este blog como si estuvieseis en un partido del Mundial de Fútbol, podeis hacerlo desde la siguiente dirección:
http://www.vuvuzela-time.co.uk/cincoyaccion.blogspot.com
Si quereis ver este blog como si estuvieseis en un partido del Mundial de Fútbol, podeis hacerlo desde la siguiente dirección:
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Vuvuzela
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2 de junio de 2010
El fin de la inocencia (12 and holding)
¿O acaso es el principio?
★★★★☆
Protagonizada por un grupo de niños que comienzan a descubrir el desencanto de la adolescencia, esta película trata de demostrar la fragilidad con la que están construidos muchos de los valores de la cultura occidental. Al igual que ocurre en American Beauty, sus personajes buscan cumplir el sueño americano a toda costa, persiguiendo una felicidad inalcanzable. Y para ello sacrificarán todo lo que sea necesario, siguiendo conductas más propias de la ficción que de la realidad. Pero a diferencia de la obra de Sam Mendes, aquí se acude a los cimientos de toda esta gran mentira: la infancia.
Protagonizada por un grupo de niños que comienzan a descubrir el desencanto de la adolescencia, esta película trata de demostrar la fragilidad con la que están construidos muchos de los valores de la cultura occidental. Al igual que ocurre en American Beauty, sus personajes buscan cumplir el sueño americano a toda costa, persiguiendo una felicidad inalcanzable. Y para ello sacrificarán todo lo que sea necesario, siguiendo conductas más propias de la ficción que de la realidad. Pero a diferencia de la obra de Sam Mendes, aquí se acude a los cimientos de toda esta gran mentira: la infancia.
El comportamiento de los pequeños responde en todo momento a las aspiraciones de los mayores, incluso cuando no obedecen sus normas. El ciclo volverá a repetirse, a pesar de haber comprobado que no funciona. Es ley de vida. La vulnerabilidad seguirá apartando a los que estén menos adaptados a su entorno. Al menos mientras no haya una voluntad de cambio en todos.
Destaca la fabulosa interpretación de los jóvenes actores, que consiguen transmitir las inquietudes que experimentan con tantos cambios hormonales. Michael Cuesta, uno de los directores de A dos metros bajo tierra y de Dexter, sorprende en este dramático filme en el que nos invita a echar una mirada hacia atrás y recordar la crueldad de una época por la que, de mejor o peor manera, todos hemos terminado pasando. Quién sabe si ahí es donde deberíamos buscar la raíz de nuestros problemas actuales.
El fin de la inocencia (12 and holding)
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Michael Cuesta
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