29 de abril de 2010

Sala y Salón - Programa 02

Otra semana más, y hasta que los exámenes y las vacaciones nos impidan continuar (algo que ocurrirá antes de lo que deseamos...) os dejo un nuevo programa de cine, que os podéis descargar o escucharlo en la propia web en streaming:

http://salaysalon.wordpress.com/2010/04/29/programa-02/


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22 de abril de 2010

Sala y Salón - Programa 01


Tengo el placer de anunciaros un nuevo proyecto que, a partir de ahora y semanalmente, verá la luz gracias a Radio URJC y a un equipo de seis jóvenes promesas de esta Universidad.

Sala y Salón es un programa de cine hecho exclusivamente por estudiantes en el que semanalmente nos acercaremos a la actualidad de las salas. Pero también el mundo de la ficción que vemos en la pequeña pantalla tiene cabida aquí, ya que el panorama audiovisual está transformándose. Las series de televisión están adquiriendo protagonismo en el consumo de masas, y no queremos darle la espalda a esta realidad.

Con toda nuestra ilusión os dejamos aquí el primer programa. Esperemos que os guste.



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19 de abril de 2010

L'aubergue espagnole (Una casa de locos) (2002)


When Europe was living a celebration

★★★☆☆

Realizar un año de estudios en el extranjero puede resultar para muchos (entre los que a veces me incluyo) una decisión difícil de tomar, en la que hay que poner en la balanza ilusiones y esperanzas, pero también miedos y temores. Por ello, las becas Erasmus suponen para muchos afortunados el empujón que necesitan para hacerlo, para meter en una mochila cuatro cosas y terminar rodando por cualquier ciudad europea. En definitiva, malviviendo una experiencia que, sin duda, termina siendo enriquecedora para cualquiera.

En esta comedia se expone la caótica situación de un piso de estudiantes en Barcelona. Mediante anécdotas puntuales se construye un relato sólido que oscila entre la historia de un personaje y la de todo el grupo. Cada uno con su drama personal, y cada uno con su lengua (ya os tengo dicho que evitéis ver películas dobladas, que pierden mucho...) forman un mosaico particular en el que la rutina no puede tener lugar.

Pero esta película va mucho más allá. Al mismo tiempo que en 2002 desde España se cantaba eso de Europe's living a celebration por un popular programa de televisión llamado Operación Triunfo, en Francia se expresaba la misma idea con Una casa de locos, aunque con la suerte de no hacerlo mediante un producto hortera. El sueño europeo comenzaba a solidificarse con la entrada en vigor de la moneda única, y la esperanza de que la unión haría la fuerza todavía no se había evaporado.

"No, no es una historia de aviones que despegan. Aunque sí es una historia de despegues."

La globalización es aquí entendida desde un punto de vista exclusivamente positivo. Si esta premisa puede aplicarse a un concepto tan genérico como puede ser el de un país o el de una nacionalidad, ¿por qué no aplicarlo también al del individuo? De ese modo el sujeto queda retratado como un alma errante que solamente podrá salvarse mediante la adquisición de valores ajenos. La convivencia con desconocidos pasa así a ser una etapa necesaria para la formación de la auténtica personalidad. Si los políticos han logrado hacerlo con los países europeos, será porque realmente no es tan difícil.


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13 de abril de 2010

El secreto de sus ojos (2009)


Sí... Pero no

★★★☆☆

He de reconocer que, en general, el cine argentino no me gusta. Películas tan aclamadas como El hijo de la novia o No sos vos soy yo me resultan vulgares, en contra de todas las constantes recomendaciones que he recibido de ellas. Hasta ahora, Martín (Hache) era la única que me había parecido decente. Hasta ahora, ya que a esa pequeñísima lista puedo incluir a la ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Sin embargo, es un cine que sigue sin deslumbrarme.

En El secreto de sus ojos se parte de un caso judicial para ir más allá, para poner en entredicho las rarezas del comportamiento humano que se afrontan día a día. El amor y el odio, la fragilidad del recuerdo, el sentimiento de justicia o la sensación de poder son algunos de los temas por los que pasa esta película. Y, aunque pueda parecerlo, no lo hace de puntillas, sino plenamente, abarcando casi la totalidad de la obra.

Juan José Campanella ha conseguido convertir un guión bastante simple en una obra que irradia optimismo detrás de cada detalle, incluso en aquellos momentos que no deberían hacerlo. Un optimismo que, a modo de moraleja, hace que cada personaje pueda reconciliarse con su propia situación, y también consigo mismo, aunque para hacerlo sea necesario esperar durante años.

El ritmo es, en cambio, bastante desigual, combinando pasajes innecesariamente lentos con otros en los que la cámara no da tregua al espectador. Como magistral ejemplo de esto último destaca el falso plano secuencia que se desarrolla en el interior del campo de fútbol, en el que la cámara se adentra en sus laberínticos pasillos persiguiendo a un personaje a diferentes escalas de planos. Otra secuencia destacable es la del interrogatorio, ya que a pesar de no innovar precisamente en el modo de desarrollarlo, resulta especialmente emotiva, sorprendiendo además la torpeza con la que se desarrolla.

Lástima que en este film el maquillaje utilizado para envejecer a los actores esté tan mal hecho, siendo imposible encontrar en él un ápice de credibilidad. Un rostro con pegotes de un potingue marrón puede transmitir muchas cosas, pero nunca vejez. Hubiese sido mejor haberse limitado a emblanquecer el pelo de los actores.

Entretenida, pero no tanto. Entrañable, pero no tanto. Sorprendente, pero no tanto. Sentimental... probablemente demasiado.


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28 de marzo de 2010

Last days (2005)


Epílogo injustificado

★★☆☆☆

Hay historias que, por su propia naturaleza, no pueden ser llevadas a la gran pantalla. O al menos no deberían llevarse. En Last days podemos encontrar un claro ejemplo: los últimos días de la vida de Kurt Cobain, cantante de Nirvana. Con la intención de mostrar su supuesto mundo interior, esta película se convierte en un instrumento vacío que no consigue en ningún momento la empatía con el protagonista. Solamente podemos ver un desfile de imágenes cuyo contenido es lo de menos. Así lo demuestra la extraña estructura que presenta: no importa el orden en el que aparezca nada, pues todo el relato es plano.

En cambio, es innegable el trabajo artístico de esta obra. La puesta en escena, la selección de planos, el vestuario, el sonido utilizado en el bosque... Un film hecho exclusivamente para deleitar los sentidos del espectador, para abandonarse en el interior de su naturaleza y después volver a salir de ella como si nada hubiese pasado en el camino.


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24 de marzo de 2010

Prizzi's Honor (El honor de los Prizzi)


A la sombra de la mafia

★★★☆☆

En la década de los 70, Francis Ford Coppola llevó a las salas de cine un retrato de la mafia siciliana de Nueva York. Sin la elegancia de esta obra maestra, El honor de los Prizzi intenta ofrecer un punto de vista diferente. Las referencias a El Padrino son constantes, aunque con una mezcla de homenaje y de parodia. Pero en esta película no se analiza tanto la familia como un puro negocio, ya que introduce el factor sentimental con una floja historia de amor entre sus dos protagonistas.

Cuando se conocen no son conscientes de que sus intereses son opuestos, pero al enterarse deciden continuar con una relación en la que la sinceridad es un lujo que no se pueden permitir. Aunque intenten luchar contra ello, el peso de la tradición termina enfrentándoles. Eso sí, conservando las formas en todo momento.

"Me he pasado la vida protegiéndome, y no puedes protegerte cuando quieres a alguien"

El final repentino y poco cuidado de esta obra supone un jarro de agua fría al espectador, que espera un desenlace tratado con el mismo tacto que el resto del metraje. A pesar de este tipo de defectos, termina resultando entretenida e interesante, pero sin llegar nunca al nivel establecido por su predecesora. Es el riesgo que se corre cuando se intenta aprovechar el filón generado por una gran película haciendo otra similar.


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15 de marzo de 2010

2010: Odisea en el ciberespacio


Probablemente ya conozcas la odisea que estoy sufriendo con la informática. Es algo que empezó con una tontería, pero que con el tiempo se ha ido haciendo una bola de nieve. Esta historia la conoce ya mucha gente, pero si todavía no sabías nada es un buen momento para enterarse, si es que a alguien le interesa.

A principios de julio de 2009 mi ordenador, como todos los veranos, empezó a tener problemas con el insoportable calor. Como había hecho siempre que me ocurría esto, desmonté la CPU para limpiar cuidadosamente todas sus piezas, centrándome sobre todo en el disipador, en el ventilador y en el procesador. Al montarlo de nuevo noté cómo desaparecía el problema de los apagones, pero algo no iba bien. No podía ni reproducir un simple vídeo.

A los pocos días comprendí que el problema se había extendido a la tarjeta gráfica. Aunque pensé en comprar una, al final conseguí que me prestasen una usada que, sin embargo, funcionaba correctamente. Con el ordenador de nuevo operativo, volvía a estar conectado. Pero no por mucho tiempo. A los pocos segundos de encender el PC se apagaba sin motivo aparente. Parecía cosa de la fuente de alimentación, por lo que compré una para comprobar que estaba equivocado. Sospecho que el cortocircuito debe estar en la placa, y creo que no hay manera rentable de solucionarlo.

Ante la compra inminente de un ordenador, decido esperar un par de meses para que la nueva máquina venga con Windows 7 y no con Vista. Pero la paciencia se agota con el tiempo, y el nuevo curso universitario me obligan a tomar una decisión que todo el mundo debería hacerse al menos una vez en la vida: ¿Por qué comprar un PC y no un Mac?

Tras mucho meditarlo, y con miedo a lo desconocido, adquirí un bonito iMac de 24 pulgadas. Bastaron dos semanas para saber que mi ordenador sería durante muchos años alguno de la marca Apple. Pero no sospechaba que se trataba de la manzana prohibida que me traería tantos quebraderos de cabeza. Justo antes de que pasasen esas dos semanas se anuncia la salida al mercado de los nuevos modelos de iMac a unos precios incluso inferiores de los que ya estaban a la venta. Por este motivo, y aunque a día de hoy me arrepiento, devolví aquella pantalla de 24''.

Los primeros días después del anuncio me pongo en contacto con los dependientes de la sección de informática de El Corte Inglés, que me dicen que tardarán dos semanas en dar de alta la referencia para que se puedan tramitar pedidos. Esas dos semanas fueron al final más de un mes, pero inexplicablemente me niegan la posibilidad de reservar una unidad para ser de los primeros en tener el iMac i5 de 27 pulgadas, ya que están teniendo "problemas".

Ya en diciembre consigo reservar el ordenador, aunque me avisan que tardará un poco en llegarme debido a que los están enviando con cuentagotas a los que reservaron en su día. Es difícil de creer, pero mientras que a mí me decían que no se podía hacer una reserva, a otras personas sí les dejaban hacerla. "Al menos me aseguran que lo tendré antes de Reyes", pensaba yo. ¡Qué equivocado estaba! Cada vez que me paso por la sección de El Corte Inglés me dicen que está a punto de llegar, y retrasan la fecha un mes más tarde de lo que me dijeron la vez anterior. Todo esto me lo han dicho porque yo me he acercado, que estos grandes almacenes se han olvidado de comunicarme oficialmente nada. Cómo se nota que creen que el dinero de esta venta ya lo tienen.

Ya han pasado casi cinco meses desde la compra, y mi escritorio sigue con un hueco vacío. Durante este tiempo he estado trabajando como he podido con un Netbook que he comprado para usar como segundo ordenador, aunque de momento le estoy dando la vida que le daría al primero. Pero no, obviamente no es lo mismo. No es la misma motivación sentarse a elaborar un largo trabajo delante de una pantalla grande que de una pequeña. No es lo mismo el teclado de un ordenador normal al de uno portátil. No es lo mismo estar escribiendo con normalidad a estar abrasándote las manos por el calor que desprende. Y lo más importante: no es lo mismo dormir con el ordenador en casa que pensando en los trámites que tendré que hacer tarde o temprano para recuperar mi dinero.



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