22 de septiembre de 2010

Mapa de los sonidos de Tokio (2009)


Oídos sordos

★☆☆☆☆

Una de las pasiones más remotas del ser humano reside en la elaboración de guías visuales que materialicen conocimientos para su conservación y posterior transmisión. De esta manera, los mapas pueden ayudar a que el viajero alcance su destino, o incluso a que imagine una ruta que jamás recorrerá. Por desgracia, no existe nada que cree alguna sensación parecida en Mapa de los sonidos de Tokio. Y el problema es mayor de lo que en un primer momento pueda parecer.

El título, primer elemento de aproximación a la obra, esconde una declaración de intenciones que no es correctamente llevada a cabo. El vococentrismo que predomina en la mayor parte del cine sonoro es aleatoriamente abandonado en determinados momentos, pero sin llegar a darle ninguna relevancia al resto de los elementos acústicos. Hay una grave confusión entre tratar el ruido ambiente de la banda sonora y subir el volumen del mismo. Cuando se hace de manera innecesaria, el resultado puede definirse como desastroso.

Isabel Coixet pretende en cada película acercarse a una pseudo-poesía sensorial a costa de sacrificar los demás elementos cinematográficos. Y cada vez es más eficaz a la hora de conseguirlo. Esta vez lo logra trazando pinceladas sueltas que no llegan a dibujar nada nítido. Mediante unos diálogos más propios de alguna filosofía oriental, capta parcialmente el sentimiento de soledad experimentado al vivir en un entorno extraño, pero sin rastro de la magia que envuelve Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003). La canción elegida para la inevitable e imprescindible secuencia de karaoke es Enjoy the silence (Depeche Mode, 1990), haciendo también aquí un juego de palabras redundante.
"Quizá fue demasiado tarde desde el principio"
Rinko Kikuchi, la chica sordomuda de Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), defiende como puede a una asesina a sueldo contratada para terminar con el propietario de una tienda de vinos. Sergi López es el responsable de perpetrar a este personaje. Y ya no es solo culpa de su penoso acento inglés, sino de la desgana con la que trata cada palabra pronunciada. El desarrollo de la historia sigue el curso más previsible que puede haber entre la depredadora y su presa, sin ningún tipo de giro en el argumento. Para finalizar, un lento zoom avanza hasta desenfocar el plano. Así, la imagen y el relato terminan situados en el mismo nivel, ya que éste no ha tenido nunca el enfoque adecuado. Parece que a Coixet no le ha sonado la flauta esta vez.


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16 de septiembre de 2010

Contracorriente (2009)


Luces y sombras de amor prohibido

★★★★☆

En un apartado pequeño pueblo de pescadores, cualquier acontecimiento que rompa con la rutina mantenida durante inmemorables generaciones puede suponer un escándalo. Si además este lugar queda englobado por una cultura en la que la religión condena todo lo que no siga fielmente los cánones tradicionales, la homosexualidad se convierte en un tema difícil de abordar. Pero los mayores retos son los que pueden dar mejores o peores resultados, y Contracorriente es un ejemplo del primer caso.

Miguel, casado y con un hijo en camino, no entiende lo que le sucede cuando está con Santiago. O tal vez no lo acepta. Con el paso del tiempo atraviesa por diferentes etapas: del entretenimiento llega al arrepentimiento; de la diversión, a la negación. Está a punto de ser padre y quiere que el pequeño pueda crecer con una figura paterna, masculina.
"Tú no eres maricón, porque para ser maricón hay que tener un par de huevos"
Contracorriente no es una reflexión sobre la homosexualidad en sí misma, sino sobre cómo afecta a los demás. En este aspecto se asemeja a Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), aunque sin llegar a ser tan superficial al reflejarlo. Gracias a un giro en la trama, el director y guionista Javier Fuentes-León logra crear situaciones en las que los posibles rumores dejan de importar, haciendo que el espectador se pregunte hasta qué punto importa guardar las apariencias.

La mayoría de las secuencias se desarrollan en escenarios exteriores, con una luz que embellece todo lo que toca. Los interiores en los que se ha rodado la película son, aparentemente, reales; y si no lo son, están perfectamente integrados con los demás. Dentro del agua, la abundante luminosidad permite ver lo que ocurre con menor distorsión de la imagen a la que estamos habituados en estos espacios abiertos. Pero al hablar de la estética de esta obra, sería imperdonable no aplaudir la acertada elección del autor de los cuadros que se le atribuyen al personaje de Santiago, ya que ha logrado captar tanto el erotismo como el amor que siente por su amante.

Entre los actores, Cristian Mercado y Tatiana Astengo destacan por una más que aceptable interpretación. No podemos decir lo mismo de Manolo Cardona, conocido por la versión española de Sin tetas no hay paraíso; sin llegar a hacer un mal trabajo, consigue pasar desapercibido. Las actrices secundarias más mayores también obtienen su pequeño momento de gloria cinematográfica, seguramente sin haber pisado en su vida una escuela de arte dramático.

Aunque es una producción pequeña, no hay que olvidar que ya ha salido victoriosa frente a otras más grandes. Entre otros, en su vitrina se encuentra el premio del público a mejor drama internacional de Sundance. La baza con la que juega es la de conmover al espectador, pero sin recurrir a la lágrima fácil. Y seguramente ese sea su mayor defecto.

Estreno en España: 17 de septiembre de 2010
(Preestreno cortesía de Cines Verdi)




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14 de septiembre de 2010

Adèle y el misterio de la momia (2010)


Dinosaurios momificados

★★☆☆☆

De la mano de Luc Besson nos llega la adaptación cinematográfica de los cómics de Jacques Tardi dibujados bajo la serie Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec. La similitud física de cada personaje con el de las ilustraciones es asombrosa. Pero, en un intento de aproximación al público más infantil, han sufrido una estereotipación gratuita y exagerada.

Las intenciones han sido buenas. Se ha construido un relato para los pequeños, pero mediante una fórmula un poco más adulta, más próxima al cine de autor. De hecho, la introducción es semejante a la voz en off de Amelie (2001), destacando momentos puntuales poco relevantes que se producen de manera simultánea. Cabe preguntarse si los niños aceptarán esto o, como sospecho, se aburrirán.

El argumento, en cambio, sí está dirigido únicamente a ellos: Adèle, una periodista, viaja a Egipto para robar la momia de un doctor para después revivirla. El objetivo de este faraónico viaje: poder curar a su pobre hermanita, profanando todo aquello que sea necesario. Una comparación puntual con la pirámide del Louvre es una de las escasas muestras de ingenio que aparecen en una película excesivamente simple.

Demasiado adulta para los niños, y demasiado infantil para los mayores. Si, como parece, no va a ser la última obra con esta protagonista, deberá volverse a plantear a qué objetivo pretende dirigirse. A no ser que, realmente, quiera despertar a más de uno de su tumba.

(Preestreno cortesía de Tripictures)


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3 de septiembre de 2010

Buried (Enterrado)


Enterrando el mito del cine español

★★★★★

Tras unos créditos iniciales que sepultan al espectador a pocos metros bajo tierra, llega la más absoluta oscuridad. A falta de iluminación, los demás sentidos se agudizan para empezar a apreciar el sonido del silencio. Durante un instante podemos contener la respiración, antes de que la luz desencadene un torrente de sensaciones angustiosas. La claustrofobia se apodera, inevitablemente, de la sala, que queda reducida a un pequeño espacio entre cuatro paredes de madera. Pero este sufrimiento no da pie a intentar levantar la tapa de la puerta y salir de ella en ningún momento.

El guión que fielmente ha seguido Rodrigo Cortés (Concursante, 2007) puede presumir de saber mantener el equilibrio emocional en todo momento, algo muy complicado si tenemos en cuenta la extraña naturaleza de este proyecto. Pero también hay que reconocer la escasa verosimilitud que se encuentran en algunos pequeños detalles, como por ejemplo la larga duración del oxígeno, o los motivos por los que el protagonista es enterrado con unos determinados objetos. La estructura queda dibujada bajo la sombra de la llama de un Zippo, generando en ocasiones una pequeña elipsis temporal que interrumpe el tiempo real en el que se enmarca el relato. La luz se convierte así en el hilo conductor, llevando hasta un desenlace que puede considerarse uno de los mayores aciertos de la obra. En él se demuestra que es posible jugar con las dos posibilidades que existen, consiguiendo sorprender en la forma de mostrarlo.

Ryan Reynolds borda la dramatización de cada suspiro, de cada aliento, grito o llanto. Y todo ello a pesar de la dificultad de protagonizar, por cuestiones obvias, prácticamente cada uno de los planos de la película. Y es que, a pesar de la limitación espacial, el director consigue llevar a cabo una gran variedad de tiros de cámara, haciendo que estos no resulten repetitivos. Además, destacan algunos movimientos de 360 grados realizados con grúa. Pero ante una imagen en la que, en muchas ocasiones, solamente podemos intuir figuras, el sonido adquiere una especial importancia. El eco de cada movimiento, unido a una música extradiegética un tanto melodramática, refuerza la tensión de la narración de un modo agradable.

Poco se puede contar del argumento sin estropear esta emocionante experiencia sensorial de noventa minutos. Se trata de una película que debe disfrutarse en una sala de cine o, en su defecto, viéndola en casa (cuando se edite en Blu Ray o DVD) sin interrupciones. Desde luego, Buried experimenta con nuevas posibilidades en la gran pantalla, algo poco habitual en las propuestas españolas de los últimos años. Este atrevimiento, por una vez, ha terminado resultando acertado, aunque todo apuntase a la catástrofe en su planteamiento. Solo cabe esperar que el público responda en taquilla y se haga la justicia que no se hizo con la anterior obra de Cortés.

Estreno en España: 1 de octubre de 2010

(Preestreno cortesía de Warner Bros Pictures)


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25 de agosto de 2010

Próximamente: Buried (Enterrado)


Una de las apuestas españolas más atractivas de la temporada cinematográfica (coproducida por Estados Unidos) llega de la mano de Rodrigo Cortés. El director de Concursante (2007), destacable aproximación a las bases de la economía pero que no tuvo una gran aceptación en taquilla, regresa con una cinta claustrofóbica en la que el espectador se sentirá encerrado durante sus 90 minutos de metraje. Ryan Reynolds interpreta a Paul Conroy, quien tras ser secuestrado despertará en un ataúd con dos herramientas: un teléfono móvil y un mechero. El trailer que hemos podido ver hasta ahora es, a pesar de su sencillez, escalofriante.




El próximo 1 de octubre de 2010 se estrena Buried (Enterrado) en las salas de cine de España. Pero, en una acertada manera de promoción, dentro de unos días habrá un pase especial para blogs, al cual he sido invitado. En cuanto esto ocurra, prepararé mis impresiones sobre el evento y, claro está, sobre la obra. Para terminar, otros dos carteles que me han resultado interesantes. Son muy similares al poster de Vértigo de Alfred Hitchcock. No se pueden hacer comparaciones con este genio, pero ¿estaremos ante otra obra maestra del suspense?


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29 de julio de 2010

Cambio de rol

Cada año por estas fechas, la vuelta al trabajo trae consigo el fin de muchas otras cosas. Una de ellas es mi larga barba. Puede parecer algo insignificante, pero en realidad hay mucho más detrás de ella. La noche anterior a mi regreso observo en el espejo a ese hombre huraño de mirada perdida, más moreno que de costumbre. Sabe que su aspecto desaliñado va a desaparecer, y con él su anhelo de libertad, de dejarlo todo y empezar a dedicar su tiempo a tareas más productivas. O al menos más reconfortantes. No se atreve a pedirme que me detenga, que limpie la espuma de mis manos y que tire al suelo la cuchilla. Sabe que todavía no puedo hacerle ese regalo. Resignado, termina por devolverme la melancólica mirada, con el único consuelo de que no es un adiós, sino un hasta pronto. Aunque no le gusta mirar, permanece atento al desarrollo de este ritual, que irremediablemente desembocará en su muerte. De vez en cuando echa un vistazo al agua que arrastra su esencia hacia el desagüe, seguramente para asegurarse de que no quedarán restos que le recuerden. Pero, llegando al final, siempre aparece alguna lágrima de sangre que llora su pérdida. Dejando esta marca de dolor en la toalla, vuelvo a mirar al espejo, ya con la cara seca. No está. En su lugar de nuevo aparece ese otro hombre que, si bien su rostro me resulta más familiar, en realidad es para mí un auténtico desconocido. De nuevo tengo once meses por delante para intentar acercarme a él, para descubrir sus verdaderas motivaciones y entender el porqué de sus actos. Tal vez así, la próxima vez pueda disfrutar durante más tiempo de la compañía de ese ser del que me he despedido esta noche, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa cada vez que lo mire.


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8 de julio de 2010

Knight and day (2010)


Despropósitos encadenados

★☆☆☆☆

Cuando se toman todos los elementos necesarios de un género cinematográfico, se combinan y el resultado es desastroso, se suele acudir a la excusa de la parodia. Pero solamente se puede aceptar esta posibilidad cuando no se observa una intención de querer hacerlo bien. Y James Mangold lo intenta sin éxito en varias ocasiones en Knight and day.

Partiendo de un planteamiento flojo y demasiado precipitado, los personajes de Tom Cruise y Cameron Diaz se adentran en un conflicto desproporcionado. Tras conseguir el aterrizaje forzoso de un avión, deberán esquivar a los que les persiguen de manera intermitente. Persecuciones y descansos que, estratégicamente colocados, completan el resto del metraje. Pero los actores apenas consiguen congeniar, creando varias secuencias de aburrimiento pseudo romántico que resta cualquier expectativa de entretenimiento.

La falta de realismo es exagerada. Casi ninguna situación peligrosa puede resultar creíble en ningún momento. Y como mayor ejemplo, la de la fotografía de arriba. Como a todos nos suele pasar constantemente, cuando nos atrevemos a utilizar una moto en plenos Sanfermines sevillanos, terminamos sin darnos cuenta en mitad de los encierros. Total, esas calles nunca han tenido medidas de seguridad que eviten estas cosas... Por suerte, con esa moto se puede escapar fácilmente, ya que en el recorrido que hacen los toros nunca hay personas que dificulten esta hazaña. Simplemente ridículo.

Muy poco recomendable para los amantes del género de acción, y absolutamente nada recomendable para el resto de la humanidad.


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